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En noviembre...

En noviembre sopla el viento
las nubes cubren el sol
pero yo estoy protegido 
con la luz de mi farol


En noviembre, época de San Martín.
Época de recogimiento para concentrar nuestra energía y superar el "frío y oscuro" invierno.

Ayer nos juntamos para crear con los más pequeños un farolillo, 
símbolo de nuestra luz interior. La tarde estuvo acompañada de canciones, risas y anécdotas.


Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo: 
 - ¿Papa? 
 - Sí, hija, cuéntame 
 - Oye, quiero... que me digas la verdad 
 - Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido 
 - Es que... -titubeó Blanca 
 - Dime, hija, dime. 
 - Papá, ¿existen los Reyes Magos?   
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente. 
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad? 
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo: 
- ¿Y tú qué crees, hija? 
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso. 
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero... 
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado! 
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de 
Blanca. 
- Entonces no lo entiendo. papá. 
- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado. 
  
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos: 
  
- Cuando el Niño Jesus nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le 
llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo: 
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían. 
 - ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. 
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó: 
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder 
recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito. 
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal: 
- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: 
¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños? 
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. 
Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos. 
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo. 
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración. 
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios. 
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes. 
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños? 
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres. 
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres? Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír: 
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos 
regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices. 
  
Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo: 
- Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado. 
  
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía: 
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero. 
  
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos. 
  
Feliz Navidad desde todas las partes del mundo

El enano Benjamín


En una tarde de Otoño, estaba el enanito Benjamín intentando hacer una hoguera en su jardín.
Entre palos y piedras una pequeña hoguera encendió. 
Pero el viento sopló, sopló, sopló... y el fuego apagó.
El enanito Benjamín más palos fue a buscar en su jardín. Cogió una ramita por aquí, una ramita por allá y una hoguera más grande armó.
Pero el viento sopló, sopló, sopló... y el fuego apagó.
El enano Benjamín era paciente, pero la noche se acercaba y un buen fuego él necesitaba, para su hogar poder iluminar.
Volvió a recoger los demás palos y ramas del jardín. Y tantos, tantos palos recogió que se cesta se rompió.
Entonces en una piedra se sentó y pensó, pensó, pensó... hasta que una idea surgió.
¡Ya sé! Un farol voy a hacer para la luz del fuego proteger. De esa forma el viento no lo apagará y mi cueva iluminará. Así lo hizo...
Y el viento sopló, sopló, sopló... y el fuego no se apagó.

Todas las noches los enanitos encienden sus faroles y alegremente a su hogar cantando van:

"yo voy con mi farolillo
y mi farolillo conmigo.
Arriba brillan estrellas,
abajo brillamos nosotros.
Y si hace frío, nos vamos a casa
con nuestro pequeño farol"


Andreia y Carla Ribeiro

Figuras de sal

Los trabajos con masa de sal son muy adecuados para niños. Es una masa casera no tóxica que pueden aprender a fabricar ellos mismos y que pueden usar desde muy pequeños. Entre sus ingredientes sólo figuran la harina, la sal y el agua.
Ingredientes:
  • 2 tazas de Harina
  • 1 taza de sal
  • Agua
Preparación:
Se mezclan la harina y la sal con agua hasta obtener una masa de consistencia adecuada para el modelado.
Si queremos masas de colores usamos el agua teñida (con unas gotitas de acuarelas naturales).
Si se hace la masa en blanco se puede pintar cuando esté seco con témperas, acrílicos, pintura de dedos, etc.
Los trabajos en masa de sal secan al aire. Para acelerar el secado se pueden meter las piezas en el horno casero a 100 º C.
Para terminar se puede barnizar con barniz al agua.

La gata que quería dormir a un búho

Una gata se encontró un pequeño búho perdido, cansado,
sucio y con frío...
¡Qué búho tan desvalido!
La felina pone empeño, ¡es que lo ve tan pequeño!
"Qué lástima, pobrecito, que se quede a mi ladito".
Pero está la noche en calma y todos se van a dormir menos el búho:
"¡HU, HU!", no para de repetir.
"¡Esto tiene que acabar!", dice la gata cansada.
"¡yo a los gatos sé dormir, no a niños de pluma y ala!".

Consulta a su amigo el gallo: "Tráelo a dormir al tejado".
Mas la cosa no funciona: "¡HU, HU!", grita asustado.
"Esto no puede seguir", protesta el gallo, agotado,
"yo necesito dormir. Tengo que cantar temprano".

Consultan a la mamá oca: "¡Duerme conmigo en el lago!".
pero el búho huye del agua. ¡No le gusta estar mojado!

Consultan al señor loro, que duerme bajo el tapete;
cuanto más oscuro está el búho más ruido mete.
"¡Esto no puede seguir!", dice con voz destemplada.
" Yo necesito dormir para hablar de forma clara".

Sale el sol, se va la luna y ahora que comienza el día, el pequeño búho se duerme entre tanta compañía.
"¡Nos está tomando el pelo!", dicen todos, somnolientos.
"No es así", dice una voz. "Venid, que os explico el cuento".
Era una madre acostada con un lindo bebé en brazos. le cantaba, y con su leche lo dormía en su regazo.
"Cada animal de este mundo se duerme de una manera; quien conoce al búho nunca tiene este problema".
"El búho caza de noche y su hogar es la tiniebla. Tiene que dormir de día y pasar la noche en vela".
"Mientras crece y se hace grande os tendréis que acostumbrar. Él no puede, es pequeñito y solo no puede estar".
"!Ya entiendo!", dice la gata.
"Con el murciélago irá que de día también duerme y en la noche jugará"

Y cada noche la gata se arrebujaba en su cestito y una luz deja encendida para su amado buhíto.

FIN


Rosa Jove & Ricard Ferrándiz
"El cuento de las cuatro esquinitas"
Editorial OB STARE (www.obstare.com)